Buscar y elegir un lugar propio en el mundo

Antropóloga Claudia Arellano en su conferencia en la Biblioteca Municipal de Puerto Varas

 

La cientista social estima que el trabajo intelectual es difícil para las mujeres de cualquier parte del mundo. Barreras de orden doméstico, biológico o laboral se oponen a la expansión del aporte femenino en este ámbito.

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¿Cómo surge tu interés en los temas relacionados con el género y la identidad?

Hace algunos años, cuando hacía clases en la Universidad Austral, en Puerto Montt, me propusieron realizar una actividad académica optativa para alumnos de la carrera de Psicología y mi propuesta fue dictar un curso sobre “Poder y Género”. Desde ese momento me hace mucho sentido lo que señala la autora Lucy Irigaray sobre la opción que se le presenta a una mujer de buscar y elegir un lugar propio en el mundo. Pienso que en este “locus” es donde me siento plena. Desde entonces he venido trabajando en proyectos asociados con la mencionada temática, pero siempre con una mirada preferencial por la situación tal como se presenta en el sur de Chile.

¿En qué consiste el “tercer espacio” en la poesía escrita por las de mujeres?

Recojo el concepto de “tercer espacio” del teórico hindú Homi Bhabha, que se refiere a los discursos literarios que buscan, encuentran y defienden su propio lugar, no en el marco de dependencia respecto de las visiones centralistas, sino encontrando su propia voz en un tiempo y una memoria que no aparece registrada en la construcción de la “identidad nacional”. En este caso, se trata de una poesia escrita por mujeres que están re-describiendo la contemporaneidad del sur de Chile con un lenguaje que atraviesa las fronteras temporales, reconstruyendo su génesis e intentando decolonizar los discursos hegemónicos, tanto de la sociedad blanca como en lo que dice relación con el género. Se trata de un espacio que, desde la mirada femenina, renueva el pasado y lo reconfigura como un movimiento que expresa una hibridad, una diferencia, mujeres que habitan la frontera o esa franja de realidad donde confluyen mapuches, chilotes, alemanes y chilenos.

¿Cómo evalúas tu experiencia de estudiante latinoamericana en una institución europea?

Como una experiencia enriquecedora. La posibilidad de conocer otros contextos, otras historias, otras dinámicas y a la vez ser parte de ellas resulta muy interesante. Por ejemplo, interrogarme como sujeta migrante latinoamericana y percibir toda la informacion desde esa posición, me ha permitido advertir que a Francia, tan sensible a los temas sobre identidad y que procura limpiar sus culpas coloniales, aún le resulta difícil escuchar la voz de los “otros” distintos.

Es posible que tus estudios superiores en Francia te hayan permitido valorar de manera más amplia y diversa el rol de las mujeres en el trabajo intelectual. ¿Cómo ves la situación de las profesionales chilenas en éste ámbito?

Estimo que para las mujeres de cualquier parte del mundo el trabajo en el ámbito intelectual no resulta nada fácil. Tenemos que sortear muchas dificultades en el orden domestico, sobre todo cuando debemos asumir la maternidad. Ocurre lo mismo con las mujeres que ejercen responsabilidades de poder en el ámbito público o laboral. Todo esto se torna más complicado cuando no existen leyes que aseguren la paridad laboral. Como lo anotaba Virginia Woolf hace casi cien años, las mujeres necesitamos recursos propios para poder trabajar tranquilas en este ámbito.

BPH. 

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